En 2020 me involucré con un hombre que tenía graves problemas emocionales y económicos. Fueron cuatro años de una relación tormentosa, con constantes rupturas y reconciliaciones. Él no era sincero conmigo, y yo tampoco lo era con él. Mientras mantenía esa relación, le oculté que llevaba más de veinte años casada.
Cuando rompimos definitivamente, sentí que estaba a punto de perder la cabeza. No podía dejar de pensar en él, en lo que estaría haciendo, en si su vida sería mejor sin mí o en si ya estaría con otra persona. Pero había algo que no entendía: desde 2022 ya no sentía lo mismo por él. Entonces, ¿por qué estaba sufriendo de aquella manera?
Un domingo sentí tanta ansiedad que tuve un ataque de pánico. Al encontrarme con las verdades que se enseñan en estos estudios, comprendí lo que me estaba pasando y empecé a recorrer el camino de vuelta.
Él volvió a ponerse en contacto conmigo en dos ocasiones, pero yo ya me sentía libre y tenía la paz suficiente para no responder y seguir adelante, feliz con mi vida.